miércoles, 10 de mayo de 2017

Bienvenida, Julieta

Tres de cada cuatro pasos que damos en la vida están marcados por la felicidad. El problema es que
los momentos infelices tienden a ser tan intensos que nos terminamos amargando en un recuerdo imperecedero. Más allá de los logros y objetivos pendientes, cada persona tiene una misión de fe en la vida y no es otra que seguir regalando existencia. Es por ello que celebramos cada nacimiento como un acontecimiento tan sumamente feliz que es capaz de eclipsar a todos aquellos momentos malos que, durante algún instante, se han quedado clavados en la memoria. Es por ello que cada vez que algún ser querido llega al mundo, intentamos recibirlo con el mayor cariño del mundo y acogerlo con la mayor ternura posible. Gracias al milagro de la vida nuestra familia es, desde hace casi un mes, un poquito más feliz. Bienvenida al mundo, Julieta.

jueves, 4 de mayo de 2017

El tío Paco

La muerte es un triste final. Es un puñetero epílogo para una vida que, conscientemente, intentamos disfrutar al máximo más allá de lo que nos permitan nuestras propias posibilidades. Inconscientemente, más allá de nuestros propios límites, vamos dando pasitos de cangrejo hacia ese final que nadie desea y que, siempre, aunque nos pille desnudos y despistados, siempre acaba llegando.

Recuerdo la primera vez que fui consciente de ver mi tío Paco. Es uno de esos momentos que, no se sabe bien por qué, el subconsciente guarda en el cajón abierto de la memoria. Me impactó tanto que se pareciese tanto a mi padre que me causó una gran impresión. El mismo perfil de rostro, la misma estatura y el mismo rictus que ponía mi padre cuando se ponía serio. Y es que el tío Paco era un tipo serio. Pero no en el sentido peyorativo. No era un hombre estúpido, sino que miraba la vida en silencio y se guardaba las sonrisas para quien pudiese merecerlas. Muchas de ellas, aunque concedidas en voz baja, se mostraban en la presencia en cada encuentro en la plaza o tomando alguna cerveza en la barra del bar. Entonces se acercaba y con esa voz tan inconfundible preguntaba siempre por mi padre porque el cariño verdadero, aunque no sea un reflejo en la fachada, queda siempre grabado a fuego en la mirada y en el corazón.

Echaré de menos esos encuentros en El Coto a la hora de las cañas. Esos saludos sinceros, la voz firme y la mirada profunda. Echaré de menos saber que fue uno de esos hombres corajudos a los que el destino deparó una prueba de fuego. Hubo de curtirse como un lobo y hubo de hacerse a sí mismo porque fue preso de una época en la que no regalaban ni el aire. Hijo de su tiempo, se fue convirtiendo en un señor a medida que la vida le fue moldeando. Más allá de los hechos queda el recuerdo. Aún sigo escuchando aquellas historias en las que un niño crecía en un monte y miraba a sus hermanos mientras intentaba llegar a ser como ellos. Mi padre se vio en sus hermanos y ahora que falta uno de ellos va sabiendo que el orgullo, además de un sentimiento, es también una consecuencia.

jueves, 30 de marzo de 2017

El batazo de Piazza

Los atentados contra las torres gemelas de Nueva York el once de septiembre de 2001 fueron un puñal helado en el corazón de la sociedad norteamericana. Hacía más de cincuenta años que no recibían un ataque tan brutal en su propio país y toda la ciudadanía se encogió creyendo que aquello era el comienzo de otra gran guerra. Durante días el país se paralizó y solamente cuando se quiso enviar un mensaje de valentía al resto del mundo, decidieron regresar a la actividad. Durante los días en los que las grandes ligas estuvieron paradas, la sed de competición creció en el espíritu de la gente. En un país donde los valores se miden en logros, los jugadores de beisbol son auténticos héroes nacionales. Por ello, cuando en el primer partido tras el parón, el bateador Mike Piazza sacó la bola del estadio con un batazo espectacular, fueron muchos los americanos que se pusieron en pie y se reconocieron en el beisbolista que admiraba su golpe con el rostro iluminado por los focos. Allí estaba, de nuevo, la gran américa y ese era uno de sus grandes hombres.


viernes, 24 de marzo de 2017

Múltiple


Andaba Shyamalan perdido en su propia idiosincrasia. Sus ideas originales, por brillantes, le habían situado en el disparadero de la crítica. No fueron muchos los que supieron entender sus historias pero fueron multitud los que se precipitaron para mostrar su burla. El problema fue que, según fue pasando el tiempo, él mismo les fue dando la razón. Enfrascado en relatos legendarios que no llegaban a ningún sitio, el otrora joven genio se fue apagando hasta convertirse, poco a poco, en una caricatura de sí mismo. Pero aquel que tiene la genialidad en la cabeza siempre está en disposición de resurgir. Múltiple ha sido la confirmación del regreso de aquel tipo lúcido, de ideas originales y películas palpitantes que nos enganchó el día que nos hizo creer que había vida más allá del último aliento. Dos horas de cine en una historia contada con detalle, vivida con angustia y rematada con maestría. Serán muchos los que se acerquen para seguir burlándose del ingenio de su director pero los pocos que sepan apreciar su última gran idea se marcharán a casa con la satisfacción de haber disfrutado una gran película.

jueves, 23 de marzo de 2017

Convencer para vencer

La nueva política no conduce al éxito. El error conduce a una muerte lenta. Los malos modos no ayudan al mensaje. Gritar más alto no te da la razón. A los ciudadanos hay que abrirles los ojos, destaponarles los oídos y enseñarlos a hablar con propiedad. Todo eso se consigue con educación porque la ausencia de la misma solamente les da más motivos para seguir vomitando su rabia. Hay que darles motivos para pensar, nunca para odiar. Nunca para seguir odiando. A la victoria se llega convenciendo, no intimidando.

lunes, 27 de febrero de 2017

Paciencia

No tenemos cordura, ni capacidad de esperar. Lo queremos todo y lo queremos ya. No dejamos incorporarse al coche que viene por nuestra derecha, ni dejamos la puerta abierta a la persona que viene detrás de nosotros. No cedemos el asiento en el metro y siempre queremos ser los primeros en entrar al tren. No tenemos educación, ni mesura, ni capacidad de reconocimiento. No sabemos agradecer porque no nos gusta deber nada, no sabemos cumplir porque no nos gusta regalar nada. Bebemos el agua antes de que se agote, pedimos comida desde la mirada antes que desde el hambre y, sobre todo, no detemos el tiempo ni un solo segundo para intentar empatizar. No sabemos mirar, no sabemos escuchar, no sabemos querer. Vivimos tan deprisa y tan mal que hemos perdido definitivamente la paciencia.

lunes, 20 de febrero de 2017

El poder del perro


Un retrato sobre la falta de escrúpulos. La imagen viva de la avaricia, la maldad en su estado más crudo, la ambición más desmesurada. Muertes a bocajarro, venganzas sin remordimiento y una total falta de escrúpulos a la hora de conseguir el objetivo. Una lucha a vida o muerte entre el presunto bien, encarnado por un agente de la DEA convertido en capitán Ahab en busca de su obsesiva Moby Dick particular, y un mal encarnado por unos cárteles de la droga que dominan todo su territorio ya sea social, económica o políticamente. En “El poder del perro”, Don Winslow retrata a la perfección los peores sentimientos del ser humano. Un viaje hacia lo más profundo de las vísceras del poder donde la consigna es sobrevivir. Matar ambicionando o morir huyendo.

lunes, 30 de enero de 2017

España, año 2017

España, año 2016. Un grupo de personas se reúnen para asistir a una misa en memoria de un dictador muerto hace cuarenta y dos años. Al finalizar la misma, forman un corrillo en las puertas del templo y cantan el "Cara al sol" al pleno pulmón.

España, año 2016. Un programa de televisión rescata una confesión, no emitida en su día, del fallecido Adolfo Suárez, en el que reconoce que no sometió la monarquía a referéndum porque tenía serias opciones de perder la votación. Tras la noticia, los medios afines al sistema arropan la memoria del ex presidente y, sobre todo, arropan servilmente a una monarquía que, aún hoy, nadie ha tenido hoy la oportunidad de votar.

España, año 2016. La ex alcaldesa de Valencia, implicada en una trama de corrupción que ha saqueado la capital levantina durante más de dos décadas, muere de un infarto en un hotel de Madrid y el mismo partido político que la había repudiado nos quiera hacer creer a la ciudadanía que nosotros somos los culpables de su muerte. No sólo lo dicen con descaro y sin sonrojo, sino que ante la salida a la luz de un último mensaje de la fallecida en la que asegura que está recibiendo amenazas de muerte, prefieren cerrar la boca, correr un velo y dejar la vida pasar que para seguir gritando tenemos otros menesteres.

España, año 2017. El partido del gobierno, acusado en los tribunales por financiación ilegal, sigue siendo, en las encuestas, el partido preferido de los españoles.

España, año 2017. Las tertulias de televisión se llenan de tipos que difaman, insultan y venden su alma al diablo por un puñado de euros. La gente, no contenta con mandarles al carajo que implica tener el mando del consumo televisivo, les ofrece árnica a cambio de pan y circo.

España, año 2017. El país sigue dividido en dos bandos. Los que ganaron siguen manteniendo el poder y manejan los medios a su antojo. Los que perdieron, lejos de lavar heridas, se enzarzan en guerras internas que permiten que los poderosos se froten las manos. Sin políticas sociales, sin propuestas alternativas y sin medidas serias ante las lacras que asolan el país, España, en pleno siglo XXI sigue pareciéndose a la misma que describió Valle Inclán en Luces de Bohemia. Un país a la retaguardia de Europa, un país donde la demagogia se ha convertido en la manera más eficaz de hacer política.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Miedo al miedo

Tenemos miedo a sentir, a mirar, a escuchar y a ser escuchados. Miedo a hablar, a caminar bajo la lluvia, a sentir el sol en agosto y la nieve en enero, a crecer, a reír, a llorar, a sentir. A querer. Porque tenemos miedo de nosotros mismos, de la mala noticia, del suceso inesperado, de la sonrisa, de temer que no seríamos nosotros los que podríamos reir los últimos. Miedo al ridículo, a la verdad, a la monotonía.

De tanto sentir miedo hemos desarrollado el miedo al miedo. Porque el miedo nos impide ser como somos, decir lo que queremos, interpretar lo que vemos. Tememos la respuesta ajena en forma de hacha implacable porque en el fondo sabemos que, en este mundo global, siempre existe alguien detrás de la esquina. Por eso nos obligan a ser prudentes, sanos y callados. Sobre todo callados. Porque nos imponen una mordaza por ley, una etiqueta por defecto y un prejuicio por montera.

Nos han educado con miedo. El qué dirán es el peor virus de esta sociedad. El ser políticamente correcto es como el valor en la mili, se presupone y se establece. No debemos ser groseros y no está de más ser cortés, pero la educación no está reñida con la protesta. La necesidad impera y nosotros seguimos dormidos en la lona porque tenemos miedo a perderlo todo. Y lo peor es que no tenemos nada. La sociedad nos ha educado cobardes. Dóciles. Manejables. Miedosos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Compañerismo

El ser humano necesita condiciones imprescindibles para desarrollarse como un ser feliz. Atención, sabiduría,
aprendizaje y saberse querido. De las necesidades humanas nacen las relaciones de amor y amistad. Todos necesitamos sentirnos acompañados en algún momento de nuestro viaje, necesitamos a esa persona con la que compartir confidencias y planear largas tardes de compañía.

Vivimos una época en la que pasamos tanto tiempo en nuestro puesto de trabajo que terminamos formando una familia con aquellos compañeros con los que compartimos horas y horas de divagaciones. Por ello, consideramos imprescindible el hacer piña porque, una vez sabes que tu tiempo va a pasar a través de horas y horas sentado en una silla, necesitas empatizar para no sentirte solo y para encontrar, una vez más, esas condiciones de desarrollo vital y social a las que todos nos agarramos por instinto de supervivencia.

Es por ello que, cuando terminas encontrando amigos en tus compañeros de trabajo, la rutina diaria se convierte en llevadera e, incluso, apasionante. Se trata de compartir, de reir y de arrimar el hombro. De encontrar un oído donde postrar tus confidencias y una mano amiga para recibir una palmada de complicidad. Ya que nos vemos abocados a pasar media vida en el trabajo, que menos que congeniar con aquellos con los que compartes esa gran parte de tu existencia. No es fácil, pero cuando se consigue es banstante satisfactorio.