jueves, 7 de septiembre de 2017

Vuelve el cole

Vuelve la rutina, regresa el enfado, la presura, las cenas tempranas, los besos de buenas noches, el
rosco de pasapalabra, los piños, los libros, las risas, las vueltas, el quique y el toto, los recuerdos, las anécdotas, el trapo del sofá mal colocado, la pila de la cocina llena de cacharros, las luces apagadas, las luces encendidas, la soledad, las películas, las series, los madrugones, la báscula, las noticias y los desayunos sin hambre. Vuelve el cole.

martes, 29 de agosto de 2017

No estoy preparado

No estoy preparado. En realidad casi nadie lo está. Los que dicen estarlo en su mayoría mienten y el resto, en realidad, solamente quieren vivir en un mundo paralelo ajeno a los problemas cotidianos. Las personas comunes, los de comida en familia, cena con tomates de huerta y helado a medianoche, conocemos la bendición de los problemas cotidianos. El beso furtivo antes de dormir, la paz interior en las últimas horas del día, la brisa de la mañana cuando la mayor preocupación es la de tener que hacer sin necesidad de hacer nada.

No estoy preparado. Durante días he regalado mi cuerpo al descanso, mi mente a la imaginación, mi ego a la paz, mi palabra a los demás. He viajado, me he mojado, he sudado, he comido, he dormido, he escrito, he leído, me he reído, he soñado, he amado. Y aunque a algunos esto les pueda parecer un camino hacia el abismo del tedio, yo sé exactamente en qué consiste ese puñetero abismo. Consiste en madrugar, en poner el culo en una silla y no levantarse hasta la hora del asueto, y así un día tras otro, y así una vida entera.

Por ello no puedo estar preparado. Porque para ser esclavo, prefiero ser esclavo de mí mismo, de mi conciencia, de mi inconsciencia, de mis vicisitudes. Y sin embargo, pobres de nosotros, nos conformamos con quince días de ilusión mientras seguimos siendo esclavos de la cotidianeidad. Me obligan a conformarme. Me esperan para que me adapte. Pero yo sigo sin estar preparado.

miércoles, 5 de julio de 2017

El primer trabajo de Furio


Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,...
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella escribo.



Pablo Neruda.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Bienvenida, Julieta

Tres de cada cuatro pasos que damos en la vida están marcados por la felicidad. El problema es que
los momentos infelices tienden a ser tan intensos que nos terminamos amargando en un recuerdo imperecedero. Más allá de los logros y objetivos pendientes, cada persona tiene una misión de fe en la vida y no es otra que seguir regalando existencia. Es por ello que celebramos cada nacimiento como un acontecimiento tan sumamente feliz que es capaz de eclipsar a todos aquellos momentos malos que, durante algún instante, se han quedado clavados en la memoria. Es por ello que cada vez que algún ser querido llega al mundo, intentamos recibirlo con el mayor cariño del mundo y acogerlo con la mayor ternura posible. Gracias al milagro de la vida nuestra familia es, desde hace casi un mes, un poquito más feliz. Bienvenida al mundo, Julieta.

jueves, 4 de mayo de 2017

El tío Paco

La muerte es un triste final. Es un puñetero epílogo para una vida que, conscientemente, intentamos disfrutar al máximo más allá de lo que nos permitan nuestras propias posibilidades. Inconscientemente, más allá de nuestros propios límites, vamos dando pasitos de cangrejo hacia ese final que nadie desea y que, siempre, aunque nos pille desnudos y despistados, siempre acaba llegando.

Recuerdo la primera vez que fui consciente de ver mi tío Paco. Es uno de esos momentos que, no se sabe bien por qué, el subconsciente guarda en el cajón abierto de la memoria. Me impactó tanto que se pareciese tanto a mi padre que me causó una gran impresión. El mismo perfil de rostro, la misma estatura y el mismo rictus que ponía mi padre cuando se ponía serio. Y es que el tío Paco era un tipo serio. Pero no en el sentido peyorativo. No era un hombre estúpido, sino que miraba la vida en silencio y se guardaba las sonrisas para quien pudiese merecerlas. Muchas de ellas, aunque concedidas en voz baja, se mostraban en la presencia en cada encuentro en la plaza o tomando alguna cerveza en la barra del bar. Entonces se acercaba y con esa voz tan inconfundible preguntaba siempre por mi padre porque el cariño verdadero, aunque no sea un reflejo en la fachada, queda siempre grabado a fuego en la mirada y en el corazón.

Echaré de menos esos encuentros en El Coto a la hora de las cañas. Esos saludos sinceros, la voz firme y la mirada profunda. Echaré de menos saber que fue uno de esos hombres corajudos a los que el destino deparó una prueba de fuego. Hubo de curtirse como un lobo y hubo de hacerse a sí mismo porque fue preso de una época en la que no regalaban ni el aire. Hijo de su tiempo, se fue convirtiendo en un señor a medida que la vida le fue moldeando. Más allá de los hechos queda el recuerdo. Aún sigo escuchando aquellas historias en las que un niño crecía en un monte y miraba a sus hermanos mientras intentaba llegar a ser como ellos. Mi padre se vio en sus hermanos y ahora que falta uno de ellos va sabiendo que el orgullo, además de un sentimiento, es también una consecuencia.

jueves, 30 de marzo de 2017

El batazo de Piazza

Los atentados contra las torres gemelas de Nueva York el once de septiembre de 2001 fueron un puñal helado en el corazón de la sociedad norteamericana. Hacía más de cincuenta años que no recibían un ataque tan brutal en su propio país y toda la ciudadanía se encogió creyendo que aquello era el comienzo de otra gran guerra. Durante días el país se paralizó y solamente cuando se quiso enviar un mensaje de valentía al resto del mundo, decidieron regresar a la actividad. Durante los días en los que las grandes ligas estuvieron paradas, la sed de competición creció en el espíritu de la gente. En un país donde los valores se miden en logros, los jugadores de beisbol son auténticos héroes nacionales. Por ello, cuando en el primer partido tras el parón, el bateador Mike Piazza sacó la bola del estadio con un batazo espectacular, fueron muchos los americanos que se pusieron en pie y se reconocieron en el beisbolista que admiraba su golpe con el rostro iluminado por los focos. Allí estaba, de nuevo, la gran américa y ese era uno de sus grandes hombres.


viernes, 24 de marzo de 2017

Múltiple


Andaba Shyamalan perdido en su propia idiosincrasia. Sus ideas originales, por brillantes, le habían situado en el disparadero de la crítica. No fueron muchos los que supieron entender sus historias pero fueron multitud los que se precipitaron para mostrar su burla. El problema fue que, según fue pasando el tiempo, él mismo les fue dando la razón. Enfrascado en relatos legendarios que no llegaban a ningún sitio, el otrora joven genio se fue apagando hasta convertirse, poco a poco, en una caricatura de sí mismo. Pero aquel que tiene la genialidad en la cabeza siempre está en disposición de resurgir. Múltiple ha sido la confirmación del regreso de aquel tipo lúcido, de ideas originales y películas palpitantes que nos enganchó el día que nos hizo creer que había vida más allá del último aliento. Dos horas de cine en una historia contada con detalle, vivida con angustia y rematada con maestría. Serán muchos los que se acerquen para seguir burlándose del ingenio de su director pero los pocos que sepan apreciar su última gran idea se marcharán a casa con la satisfacción de haber disfrutado una gran película.

jueves, 23 de marzo de 2017

Convencer para vencer

La nueva política no conduce al éxito. El error conduce a una muerte lenta. Los malos modos no ayudan al mensaje. Gritar más alto no te da la razón. A los ciudadanos hay que abrirles los ojos, destaponarles los oídos y enseñarlos a hablar con propiedad. Todo eso se consigue con educación porque la ausencia de la misma solamente les da más motivos para seguir vomitando su rabia. Hay que darles motivos para pensar, nunca para odiar. Nunca para seguir odiando. A la victoria se llega convenciendo, no intimidando.

lunes, 27 de febrero de 2017

Paciencia

No tenemos cordura, ni capacidad de esperar. Lo queremos todo y lo queremos ya. No dejamos incorporarse al coche que viene por nuestra derecha, ni dejamos la puerta abierta a la persona que viene detrás de nosotros. No cedemos el asiento en el metro y siempre queremos ser los primeros en entrar al tren. No tenemos educación, ni mesura, ni capacidad de reconocimiento. No sabemos agradecer porque no nos gusta deber nada, no sabemos cumplir porque no nos gusta regalar nada. Bebemos el agua antes de que se agote, pedimos comida desde la mirada antes que desde el hambre y, sobre todo, no detemos el tiempo ni un solo segundo para intentar empatizar. No sabemos mirar, no sabemos escuchar, no sabemos querer. Vivimos tan deprisa y tan mal que hemos perdido definitivamente la paciencia.