lunes, 4 de junio de 2018

Deriva democrática

La deriva democrática está conduciendo al Partido Popular a convertirse en una parodia de sí mismo. En una jornada que se presentó como histórica, el presidente del Gobierno prefirió pasar la tarde en un restaurante antes que dar la cara ante el congreso. Podía haber ido más allá, pero al menos tuvo la decencia de despedirse en el hemiciclo y pasarle los trastos a su predecesor, no sin antes dejar de desearle mala suerte en el escenario político. Un curioso juego el de los dos contendientes, ambos deseándose suerte en lo personal pero mala suerte en lo político, como si lo que importase, una vez más, no fuese el país sino sus propios ombligos.

Traspasado el poder y en visos de poder formar gobierno, el nuevo presidente se encontrará con una enmienda, por parte del Partido Popular a unos presupuesto que ellos mismos aprobaron. Es como el anuncio aquel en el que el dueño del tablero se llevaba el juego a su casa si no aceptaban sus condiciones. Bueno, pues después de hacerlo ahora dicen que sus normas llevaban trampa.

Entiendo a los que dicen que les gustaría volver a votar y entiendo a los que consideran a Pedro Sánchez como una persona deslegitimada para gobernar. Puedo entender los argumentos, pero no puedo entender nunca que se defienda a un partido condenado y que ahora, para no perder la partida, monta una pataleta con tal de impedir el desbloqueo del ejecutivo.

Definitivamente no importa el país, sino sus propios ombligos.

lunes, 23 de abril de 2018

Maldad y ambición

El ser humano es un compedio de maldad y ambición a partes iguales. En algunas ocasiones, cuando la ambición se reduce a la banalidad, a la simple felicidad personal o al objetivo de felicidad ajena, es cuando la maldad deja de emponzoñar el corazón y dejamos a un lado esa parcela de envidia que a todos nos conduce al odio.

El problema de la maldad es que, cuando se extralimita, se convierte en un relato de miedo. De personas malas está lleno el mundo porque cualquier conjunción precisa de una contrapartida que conduzca al raciocinio. Qué lleva a una persona adulta a dañar a un inocente niño es una de esas preguntas que la gente sensata nos realizamos de vez en cuando. Cuando falta la empatía es cuando la maldad y la ambición nos conducen al lado oscuro.

Yo no soy como soy, dirán algunos, soy como me han hecho. Esta sociedad que tanto amamos a veces da tanto asco que dan ganas de bajarse en marcha. Que no me esperen en la próxima estación.

martes, 17 de abril de 2018

Blas de Lezo

A menudo nos gusta echar mano de los grandes héroes del pasado. Toda patria tiene un símbolo, todo
país tiene su propio fetiche. Con esta manía tan nuestra de despreciar lo patrio o de ensalzar las glosas por encima del orgullo, hemos dejado que personajes ilustres se hayan ido marchando por el desfiladero del olvido.

A Blas de Lezo le llamaban "medio hombre". A los veintiséis años ya había perdido una pierna, un brazo y un ojo. Cojo, manco y tuerto como era fue capaz de rendir cientos de navíos y de defender varios sitios ante el acoso de flotas rivales mucho más numerosas. Se le recuerda especialmente por defender Cartagena de Indias al mando de dos millares de soldados contra treinta y nueve mil unidades inglesas. El arrogante Vernon, almirante inglés que dirigió el sitio, había acuñado monedas conmemorativas con su victoria y hubo de guardárselas a buen recaudo.

El valor, el arrojo y el servicio a su país no le valió a Lezo el reconocimiento merecido. A día de hoy, mientras los libros de historia cuentan la vida de reyes serviles y validos ávaros, han olvidado la verdadera historia de los tipos que mantuvieron a España, durante siglos, en lo más alto del poder. Sea por complejo, sea por precaución, hemos preferido pasar por alto sus vidas antes que homenajear sus gestas.

martes, 3 de abril de 2018

Sábado santo

La familia es el hogar de la memoria. La familia es el punto de reencuentro con uno mismo, el lugar común donde regresan los recuerdos y se conceptúan los planes. Cada sábado santo es una tradición; cada año, como si de una película de costumbres se tratase, volvemos al hogar, a la chimenea, al pote, al hornazo, a la seguridad de sentirse vivos porque en la necesidad de repetir sentimos la necesidad de querer seguir repitiendo.

El sábado santo es familia y es tradición; es un pote de conejo alrededor de una sartén, es una lumbre cercana y unas ascuas para asar chuletas, es una partida de cartas vespertina, un café recién hecho y un hornazo de caganís. Como cada año, volvimos a la infancia para regresar a la madurez. Como cada año, quedó la promesa de una próxima vez donde volveremos a vernos como familia.

miércoles, 24 de enero de 2018

Marcado por la frustración

Los instintos se remueven, a menudo, por temas banales. Todos hemos llorado, alguna vez que otra, a furia. A menudo por temas elementales y otras, quizá más de las que nos gustaría, por temas tan triviales como un simple partido de fútbol.
aunque fuese en nuestra más lejana infancia, por alguna que otra nimiedad. Un balón extraviado, un reloj sin pila, un castigo inoportuno o una derrota al parchís. Manejar la frustración es una tarea compleja cuando se ponen en liza el orgullo y la ilusión. Cuando uno termina herido y la otra termina en mil pedazos, es cuando damos riendo a los instintos y nos dejamos llevar por la furia. A menudo por temas elementales y otras, quizá más de las que nos gustaría, por temas tan triviales como un simple partido de fútbol.

Recuerdo con nitidez lo que aconteció minutos después de que el Atleti perdiese la final de la Recopa de 1986. Resulta curioso que guarde recuerdo de algo que no está relacionado con el juego cuando apenas recuerdo un par de lances del partido. Sonó el timbre y varios vecinos entraron en casa con el fin de mofarse de mi padre. Si, a mis diez años, aún no tenía muy claro por qué equipo debía tifar durante el resto de mi vida, al menos sí me quedó claro de qué equipo jamás iba a ser.

Puede que por vengar aquella afrenta y por decidir vivir en el escondite de la frustración tras cada derrota, me resulta imposible no acordarme de todas aquellas sonrisas de mofa que he sufrido durante mi vida, cada vez que el Atleti termina un partido con derrota. Será por eso, por la frustración generada y la vergüenza oculta latente, que me cuesta conciliar el sueño más de lo normal en noches como la de ayer. Resulta curioso y reconozco que hasta vergonzante ver como algo tan trivial como un simple partido de fútbol nos puede descompensar el ánimo hasta convertirnos, durante horas, en un ser más huraño de la normal. Y es que a menudo, intentando desconectar de ese monstruo devora conciencias que es el día a día, intentamos escapar hacia el mundo de las banalidades para buscar un consuelo de tontos. Lo malo es que nuestro consuelo de tontos es, para nuestra desgracia, el bien de muchos. Y aunque arrepentidos los quiere Dios, siento que, por más que me refugie en mis propias contradicciones, me costará sacar la cabeza del agujero porque todos nos movemos por pasiones insensatas. Y sin pasión, la verdad, resulta difícil darle un sentido a la razón.

martes, 24 de octubre de 2017

Naufrago en la realidad

A veces soñamos, a veces queremos, a veces imaginamos. Buscamos algo con persuasión, hacemos planes, evocamos la incertidumbre, visualizamos el deseo. A veces miramos al cielo e intentamos rezar, o pedir a un ser superior que sean ciertos los auspicios. Muchas veces buscamos en el interior de nuestra propia miseria para resucitar el ánimo y hacernos creer que sí, que aquello que queremos ocurrirá tarde o temprano.

Pero hay veces que los sueños no se cumplen, que los planes se truncan, que la realidad es una bofetada en la cara. Hay veces que los deseos se pierden en la alcantarilla de la verdad, que otras personas tienen otros planes, que la confrontación te ha puesto de cara a la pared y que allí hace más frío del que imaginabas. Hay veces que el cielo te devuelve una lluvia de verdades, una niebla de ofensas y una tormenta de crueldad. Hay veces que la vida es puñetera. Hay veces que callar no es la opción, pero gritar no es el remedio. Hay veces que tragar es la única manera de calmar el hambre aunque nunca seas capaz de calmar tu sed.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Vuelve el cole

Vuelve la rutina, regresa el enfado, la presura, las cenas tempranas, los besos de buenas noches, el
rosco de pasapalabra, los piños, los libros, las risas, las vueltas, el quique y el toto, los recuerdos, las anécdotas, el trapo del sofá mal colocado, la pila de la cocina llena de cacharros, las luces apagadas, las luces encendidas, la soledad, las películas, las series, los madrugones, la báscula, las noticias y los desayunos sin hambre. Vuelve el cole.